Así lo dice el saber popular. Nos encontramos en pleno momento de floración del manzano. Estos días, nuestros paisajes se llenan de flores blancas y rosadas, y todo apunta a que este año lo harán con especial abundancia.
La flor del manzano tiene algo de mágico: es imprescindible para que haya fruto, pero nunca sabemos cuántas llegarán a convertirse en manzana ni cómo será la cosecha. Para que el fruto se forme, muchas variedades necesitan el polen de otras, y ese viaje de flor en flor —a menudo entre árboles distintos— lo realizan, en gran medida, las abejas.
En los últimos años se ha trabajado mucho en este ámbito, y hoy conocemos bastante bien la compatibilidad del polen entre variedades y sus tiempos de floración. Esto permite diseñar nuevos manzanales de forma más precisa, eligiendo adecuadamente las variedades.
Aun así, la naturaleza marca su ritmo. El manzano suele seguir un ciclo bienal: un año ofrece una cosecha más generosa y al siguiente más moderada. Aunque se están aplicando estrategias para equilibrar la producción, este ciclo sigue presente. El año pasado fue de manzana, pero no tanto como se esperaba, por lo que este año podría venir con una producción considerable.
Además, el invierno ha traído suficientes días de frío, lo que prepara a los árboles para una buena floración… y también a las abejas para hacer su labor.
Los próximos días serán clave para la nueva cosecha, y también un auténtico espectáculo para la vista.
